Lenin: Julio, 1916: Balance de la discusión sobre la autodeterminación .
9. UNA CARTA DE ENGELS A KAUTSKY
En su folleto El socialismo y la política colonial (Berlín, 1907), Kautsky, que a la sazón era todavía marxista, publicó la carta que le había dirigido Engels el 12 de septiembre de 1882 y que ofrece inmenso interés para el problema que nos ocupa. He aquí la parte esencial de dicha carta:
..."A mi modo de ver, las colonias propiamente dichas es decir, las tierras ocupadas por población europea, como el Canadá, el Cabo y Australia, se harán todas independientes; por el contrario, de las tierras que solamente están sometidas y cuya población es indígena, como la India, Argelia, las posesiones holandesas, portuguesas y españolas tendrá que hacerse cargo temporalmente el proletariado y procurarles la independencia con la mayor rapidez posible. Es difícil decir ahora cómo se desarrollará este proceso, La India quizá haga la revolución -cosa muy probable-, y puesto que el proletariado, al liberarse, no puede hacer guerras coloniales, habrá que conformarse con ello, aunque, naturalmente, serán inevitables distintas destrucciones. Pero estas cosas son inseparables de todas las revoluciones. Lo mismo puede ocurrir también en otros sitios, por ejemplo, en Argelia y en Egipto, lo que sería para nosotros, sin duda, lo mejor. Tendremos bastante que hacer en nuestra propia casa. Una vez reorganizadas Europa y América del Norte, esto dará tan colosal impulso y tal ejemplo, que los países semicivilizados nos seguirán por sí mismos, pues así lo impondrán, aunque sólo sea, sus necesidades económicas. Por lo que se refiere a las fases sociales y políticas que habrán de atravesar estos países hasta llegar también a la organización socialista, creo que sólo podríamos hacer hipótesis bastante inútiles. Una cosa es indudable: el proletariado triunfante no puede imponer a ningún otro pueblo "felicidad" alguna sin socavar con este acto su propia victoria. Como es natural, esto no excluye en modo alguno las guerras defensivas de distinto genero"...
Engels no cree, ni mucho menos, que sólo lo "económico" salvará de por sí y directamente todas las dificultades. La revolución económica impulsará a todos los pueblos a tender hacia el socialismo; sin embargo, son posibles también revoluciones -contra el Estado socialista- y guerras. La adaptación de la política a la economía se producirá inevitablemente, pero no de golpe ni sin obstáculos, no de un modo sencillo y directo. Engels plantea como "indudable" un solo principio, indiscutiblemente internacionalista, que aplica a todos los "pueblos ajenos", es decir, no sólo a los coloniales: imponerles la "felicidad" significaría socavar la victoria del proletariado.
El proletariado no se convertirá en santo ni quedará a salvo de errores y debilidades por el mero hecho de haber llevado a cabo la revolución social. Pero los posibles errores (y también los intereses egoístas de intentar montar en lomo ajeno) le llevarán inexcusablemente a reconocer esta verdad.
Todos nosotros, los de la izquierda zimmerwaldiana, tenemos la misma convicción que tenía, por ejemplo, Kautsky antes de su viraje en 1914 del marxismo a la defensa del chovinismo, a saber: la revolución socialista es completamente posible en el futuro más próximo, "de hoy a mañana", como se expresó el propio Kautsky en cierta ocasión. Las antipatías nacionales no desaparecerán tan pronto; el odio -completamente legítimo- de la nación oprimida a la nación opresora continuará existiendo durante cierto tiempo; sólo se disipará después de la victoria del socialismo y después de la implantación definitiva de relaciones plenamente democráticas entre las naciones. Si queremos ser fieles al socialismo debemos ya ahora dedicarnos a la educación internacionalista de las masas, imposible de realizar entre las naciones opresoras sin propugnar la libertad de separación de las naciones oprimidas.